Se agota el tiempo de la oposición para un acuerdo
Si las elecciones presidenciales fueran en las próximas semanas, la oposición tendría una sobreoferta de candidatos y difícilmente le haría sombra a cualquiera de las dos posibles candidaturas del oficialismo: la de Néstor Kirchner o la de su esposa, Cristina. Lo más novedoso es que todos están contentos como están. Ni Roberto Lavagna ni Mauricio Macri han creado las condiciones necesarias e indispensables, por cierto, para una negociación. Elisa Carrió camina su propio camino y eso ya se sabía desde el principio de las cosas.
La pregunta que cabe hacerse es si ese panorama de fragmentaciones (que todos lamentan pero que ninguno resuelve) constituye la estrategia definitiva o si es, en cambio, sólo un ardid para fortalecerse ante una eventual y futura negociación.
La respuesta no puede ser precisa porque siempre influirán no sólo las características personales de los candidatos, sino también sus limitaciones políticas.
Resulta sorprendente, por ejemplo, escuchar por separado a Macri y a Lavagna. El diagnóstico que hacen del gobierno de Kirchner es casi idéntico. Describen por lo general a un gobierno obsesionado por crear escenarios mediáticos, mientras relega -o esconde- problemas muy serios del presente y del futuro. "La sensación colectiva de estabilidad y crecimiento de la economía hace las veces de impermeable del Gobierno frente a la crítica opositora", dijo uno de ellos.
Coinciden en que hay una inflación que difunde el Gobierno y otra, muchísimo mayor, que existe en la realidad cotidiana de los argentinos. Dicen lo mismo sobre la enmascarada crisis energética, que podría sentirse aún más cuando regresen de sus vacaciones los miles de porteños que se fueron a las playas argentinas o brasileñas. Se espantan con igual magnitud cuando relatan los problemas de seguridad o cuando sospechan las presuntas maniobras oficiales que pudieron existir detrás del irresuelto caso de la desaparición y aparición de Luis Gerez. La debilidad institucional tiene en ellos exponente de palabras casi idénticas.
¿Por qué están tan lejos, entonces? Una parte de la razón debe consistir en que seguramente no tienen el mismo remedio para un mismo diagnóstico. Pero eso es también relativo: ninguno de los dos cree que deba destruirse lo que ya se ha hecho para reparar la economía, y no son muy diferentes las recetas que dictan para mejorar la oportunidad económica o para reparar la fragilidad institucional. Hay también matices muy diferentes entre ellos, pero no deja de ser sólo un problema de tonalidades.
El problema más serio se refiere a las personalidades de cada uno y a las limitaciones que les plantean sus respectivos aliados. Por eso, incluso, Juan Carlos Blumberg tropezó con la puerta cerrada de Lavagna, cuando aquél invitó al ex ministro a incorporarse a una mesa de la oposición. "¿En qué condición hace la convocatoria?", le disparó Lavagna. "¿Lo hace como candidato o como referente social?", lo acorraló. Silencio de Blumberg. El diálogo se terminó ahí.